Toda organización necesita datos. Gracias a ellos identifica tendencias, mide resultados y reduce la incertidumbre. Sería un error subestimar ese legado. Pero también sería un error asumir que los datos agotan la comprensión de la realidad.

Los datos describen comportamientos, registran frecuencias, muestran asociaciones. Son indispensables. Sin embargo, hay un tipo de conocimiento que difícilmente se reduce a un indicador: el significado que las personas atribuyen a lo que viven.

El mismo comportamiento, distinto sentido

Dos personas pueden hacer exactamente lo mismo por razones completamente distintas. Dos clientes pueden abandonar una marca tras experiencias parecidas y narrar esa decisión desde emociones e historias muy diferentes. El comportamiento puede parecer idéntico; el sentido nunca lo es.

El psicólogo Jerome Bruner mostró que organizamos gran parte de nuestra experiencia mediante relatos. No solo usamos las historias para comunicar lo que nos pasa: las usamos para interpretar quiénes somos y dar coherencia a nuestras decisiones. Por eso, cuando alguien responde una entrevista, no entrega solo información: interpreta su experiencia frente a nosotros.

La narrativa no es solamente una forma de comunicar la realidad. Es una forma de comprenderla.

Cuando una frase lo cambia todo

Los relatos no sustituyen a los datos: los iluminan. Los datos muestran qué ocurre; los relatos ayudan a comprender por qué ocurre y qué significa para quien lo vive. Separar ambos niveles empobrece la investigación; integrarlos amplía enormemente su capacidad de orientar decisiones.

Desde el cuaderno de campo

“Las métricas de un servicio financiero mostraban una satisfacción aceptable. Nada parecía indicar un problema. Hasta que, en una entrevista, una participante hizo una pausa y dijo: «No me siento mal atendida. Me siento invisible». Ninguna pregunta había usado esa palabra, ningún indicador la había anticipado. Bastó esa frase para comprender que el problema no estaba en la eficiencia del servicio, sino en la calidad de la relación.”

La persona es más que su rol

Un consumidor no compra solo como consumidor: también como madre, hija, profesional o cuidador. En una investigación sobre servicios de salud, una participante respondía con normalidad sobre tiempos y procesos, hasta que el moderador preguntó cómo recordaba ese día. Tras un silencio, respondió: «Ese día no fui una paciente. Ese día era una hija que tenía miedo de perder a su mamá».

Desde entonces, ninguna de sus respuestas anteriores podía interpretarse igual. Las personas nunca llegan a una organización únicamente desde el rol que esta necesita observar. Comprender exige escuchar ambas dimensiones de la realidad: la que puede medirse y la que solo aparece cuando alguien decide contar su historia.

JE
Jorge Alonso Espinosa
Fundador de Total Marketing Group · Autor de la Comprensión Relacional

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